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Chichen Itzá: una ciudad edificada sobre el agua

Por: Arqueólogo Guillermo de Anda

A lo largo de la historia, el desarrollo de las comunidades humanas y de las grandes civilizaciones ha estado estrechamente vinculado con el agua. Es por ello que no resulta extraño afirmar que las aguas subterráneas de la península de Yucatán fueron fundamentales para el desarrollo de las grandes ciudades mayas que florecieron en este territorio carente de ríos superficiales.

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Los hallazgos arqueológicos han permitido corroborar que, para los antiguos mayas de la zona, los cenotes servían como grandes cisternas naturales. Sin embargo, y sin restar de ninguna manera importancia al carácter práctico – funcional de los cenotes, los estudios de la moderna arqueología de cuevas proponen un enfoque más amplio (multi e interdisciplinario) que permita comprender su enorme valor ambiental, cultural y económico-social.

Y es que, bajo la península, se encuentra el acuífero subterráneo mas importante de México y, sin duda, uno de los más complejos del mundo: una extensa red de cuevas inundadas que representa – además de una de las últimas fronteras de la exploración en el planeta- un enorme depósito de materiales de información científica, en un estado extraordinario de preservación. Ahí está la más antigua impronta de la historia peninsular y los datos de su biogeografía (que datan de millones de años atrás); además de ser un enorme sistema de agua dulce que ha sustentado la vida en esta zona durante miles de años. Este gran cuerpo de agua ha propiciado y sigue fomentando la interacción entre múltiples ecosistemas que han dado lugar a una amplia biodiversidad y, probablemente, alberga el mayor depósito de material arqueológico sumergido en agua dulce en el mundo. Según datos del QRSS (Quintana Roo Speleogical Survey) la península contiene una enorme red de cuevas que suma – únicamente en la zona comprendida entre Playa del Carmen, Tulum y Coba- cerca de 2,000 kilómetros de cuevas.

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La civilización maya daba una enorme importancia al agua como líquido vital y fue sacralizada como EL elemento de suprema importancia para la existencia. No resulta entonces extraño descubrir que las cuevas y cenotes eran considerados como umbrales hacia un plano que representaba lo sobrenatural y lo divino. Una de las ciudades más emblemáticas en donde puede apreciarse mejor esta correlación entre la cosmovisión, el desarrollo humano y el agua es Chichen Itzá, cuyo nombre se ha traducido como “boca del pozo de los itzaes” (aunque otra traducción se inclina por el enigmático nombre de “Lugar a la Orilla del Pozo de los Brujos del Agua”) lo que pone de manifiesto la importancia simbólica de los cuerpos de agua subterráneos.

Este asentamiento posee características arquitectónicas muy particulares, algunas de ellas relacionadas con ciclos y fenómenos astronómicos. Esto último ha despertado la imaginación de propios y extraños, ya que la ciudad es reconocida a nivel mundial, entre otras cosas, por el fascinante fenómeno denominado “el descenso de kukulkán”. Este fenómeno de luz y sombra, que simboliza el descenso de la serpiente emplumada sobre la escalinata norte de la pirámide, es también un evento relacionado con el agua y el inframundo, ya que la sombra de la serpiente desciende por la fachada norte de la pirámide, desde donde se dirige simbólicamente hacia el Cenote Sagrado, que es la entrada al inframundo acuático y que está unido a El Castillo por medio de un Sakbé, como un gran cordón umbilical. Este es solo un ejemplo de la estrecha relación entre los fenómenos celestes, que son observados e interpretados y finalmente apropiados por los antiguos mayas a través de su arquitectura, su patrón de asentamiento y el culto al agua.

Ya desde la década de los años 30 Silvanus Morley, afirmaba que en las Tierras Bajas del Norte en donde se encontrara un cenote se encontraría un asentamiento, (Morley, 1994 en Sharer). El razonamiento de Morley va en el sentido de que a falta de corrientes de agua superficiales los asentamientos necesitaban estar cerca de las fuentes de agua subterráneas. La idea es básica, los cenotes servían como las grandes cisternas naturales de los antiguos mayas en la zona. Sin embargo, y sin restar de ninguna manera importancia al carácter práctico – funcional de los cenotes, proponemos un enfoque más amplio, relacionado con el simbolismo que las conecta con un plano del universo maya que representa lo sobrenatural y lo divino.

A través de la investigación hemos planteado la hipótesis de que los antiguos mayas sabían perfectamente de la existencia y localización de estas cavernas y que las utilizaron como elementos de gran carga simbólica, relacionados con la geografía sagrada, a fin de elegir los sitios exactos donde construir algunos de sus edificios más importantes. Las formaciones subterráneas (inaccesibles en algunos casos) eran espacios con una enorme carga sacra y representaban los divinos recintos donde moraban importantes deidades benéficas y también adversas. De este grupo de dioses sobresalía sin duda Chaak, el dios de la lluvia.

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Estudiando esa cosmovisión y bajo ese enfoque hemos explorado en diversos asentamientos para entender mejor y poder fundamentar nuestra hipótesis respecto a que incluso los cenotes abiertos son concebidos como cuevas y que así los percibían los antiguos mayas. De este modo, pretendemos demostrar que tanto en Chichén (como otros importantes emplazamientos mayas) determinados edificios fueron construidos a propósito sobre una cueva, a sabiendas de su presencia y con un conocimiento arquitectónico preciso que puede corroborar que ciertos edificios se consagraban a la cueva y que ésta era el elemento fundamental sobre el cual se construían.

Esto es parte de una nueva teoría respecto a la necesidad de crear la conciencia de la correlación entre cueva y cenote, pues para los mayas ambos espacios eran lo mismo y por lo tanto proponemos que sean tratadas desde esa óptica por los arqueólogos, a fin de poder comprender las peculiaridades que requiere la arqueología de las cuevas mayas.

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El GAM propone estas nuevas teorías en donde se busca demostrar la importancia de las cuevas hechas por el hombre como parte de la integración entre los espacios subterráneo, humano y divino, al grado de que tenemos evidencia de lugares en donde la pirámide se edificó sobre una cueva artificial laberíntica, hallazgos que sustentan nuestra hipótesis y consideramos que deben tomarse en cuenta.

El proyecto Gran Acuífero Maya busca explorar y entender mejor la importancia de este extraordinario patrimonio, así como del enorme simbolismo (aún no entendido del todo) que estos sitios representan. Es decir: tratamos de interpretar los asentamientos antiguos desde una perspectiva vinculada con su conexión “subterránea” y  sagrada, para aproximamos a ellos con un enfoque de “abajo hacia arriba”, considerando de vital importancia entender la relación de los mayas antiguos con el telúrico universo que yace debajo de la tierra, una zona llena de dualidad, que lo mismo representa el tenebroso lugar de la muerte que el luminoso sitio del que provenían los bienes mas preciados para los hombres: la lluvia, la salud, la fertilidad y  la reproducción de los alimentos. Esta percepción hace que no sólo las cuevas y cenotes naturales, sino incluso las oquedades construidas por el hombre, sean consideradas como representaciones de ese ámbito de lo sagrado.

Y si bien Chichen Itzá es una de las ciudades mayas más investigadas desde hace más de un siglo, nunca se había tomado en cuenta de manera teórico – metodológica la relación entre el sitio arqueológico y los sistemas subterráneos. En los últimos 15 años, el proyecto GAM ha documentado importantes relaciones entre el patrón de asentamiento del sitio y algunas de sus más importantes estructuras.

Nuestro proyecto ha buscado un acceso a la cueva inundada debajo del edificio de El Castillo, descubierta en el año de 2017 por el Doctor René Chávez, del Instituto de Geofísica de la UNAM. Una hipótesis es que El Osario pudiera tener un acceso directo al cenote a través de alguna de las mencionadas galerías, sobre todo si tomamos en cuenta que la esquina noreste del Osario se encuentra perfectamente alineada con la esquina suroeste del Castillo y que la distancia entre estos dos puntos es de solo 185 metros. Y es que, basados en el hecho de la presencia de los cuatro cuerpos de agua que flanquean el edificio, este cenote pudiera ser el centro de un gran cosmograma y los otros cuerpos acuáticos los puntos cardinales representados por medio de cuatro colores: el blanco, al norte, el amarillo al sur, el rojo al oriente y el negro al oeste. De esta manera hemos propuesto un cosmograma formado por la ciudad misma, con el Cenote Sagrado al norte; Xtoloc, al sur; Xkanjuyum, al este; y Holtun, al oeste.  Además, como he anotado, la existencia de un cenote debajo del Castillo representaría el axis mundi (eje del mundo) del sitio, un rumbo más, el Ya ´Ax, azul, que era el centro alrededor del cual situaban su universo: es decir, estamos contemplando la manifestación arquitectónica de una cosmogonía que une el cielo con la tierra; al hombre con los dioses; y parece reflejar un mapa cósmico.

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Pero los estudios del GAM no sólo se refieren al pasado, están vinculados al presente y dirigidos hacia el futuro de esta reserva del vital líquido, pues más del 95% del agua potable que se consume a diario en los estados de Quintana Roo y Yucatán proviene del subsuelo.

La historia nos muestra claramente que el agua subterránea es un recurso natural del que depende la subsistencia y el desarrollo de las ciudades y que las formas en que se aprovecha requieren de procesos de extracción, distribución y desecho que deben ser normados por leyes, a fin de garantizar la sustentabilidad en el corto, mediano y largo plazo.

El Gran Acuífero es un patrimonio ambiental del que depende la supervivencia humana y de múltiples especies animales y vegetales; representa una de las más valiosas oportunidades de que la investigación y exploración científica se refleje también en políticas públicas que permitan el desarrollo social y económico de los estados que de él obtienen beneficios. Un acuífero tan grande e interconectado con los desarrollos urbanos es vulnerable a la contaminación por cualquier tipo de práctica.

Los investigadores que forman parte del equipo multidisciplinario del GAM están comprometidos con el esfuerzo de comprender las posibles causas del deterioro ambiental que pudieron llevar al colapso de la civilización maya. Gracias a las investigaciones del GAM existen múltiples evidencias arqueológicas de rituales y adoratorios que revelan la terrible situación de carencia alimenticia y revueltas sociales ocasionadas por la falta de agua y alimentos.

Estamos aún a tiempo de aprender de la historia y de entender que, además de un fabuloso contenedor y preservador de material arqueológico y paleontológico, el acuífero es un soporte para el sustento económico de los estados que conforman la región y de las oportunidades de crecimiento de las actividades tanto del sector primario y secundario, así como de un sector terciario prioritario: el turismo.

Por la enorme riqueza que resguarda y por los desafíos que impone el desarrollo urbano y turístico en la región, hoy más que nunca es necesario invertir tiempo y recursos en explorar, comprender y proteger a uno de los acuíferos subterráneos más grandes del mundo.

Estamos ante un desafío ambiental de lo más preocupante dentro del acelerado y a veces desordenado crecimiento inmobiliario, económico y de infraestructura en la región: el manejo del agua subterránea, la única fuente de agua dulce disponible en la Península de Yucatán. Hoy en día, el manejo insostenible de este recurso está empujando a cada ecosistema y a las poblaciones humanas hacia un régimen de funcionamiento totalmente desequilibrado que, tarde o temprano, repercutirá en la calidad de vida y la pérdida definitiva de recursos naturales.

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El Gran Acuífero Maya busca que la sociedad civil, las academias y universidades, las asociaciones empresariales; así como las instituciones públicas y privadas entiendan la gran oportunidad que representa poder investigar y explorar este patrimonio natural, cultural y turístico de México que yace oculto dentro de la tierra, un valioso recurso natural del que depende el futuro de las nuevas generaciones a las que debemos heredar su aprovechamiento sostenible. En suma, el Gran Acuífero Maya es vida.

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