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El pez diablo, una invasión silenciosa

Arturo Enrique Bayona

Biólogo y Profesor Investigador

Las especies exóticas invasoras son aquellas  que han sido introducidas por accidente, descuido o intencionalmente a un lugar o ecosistema determinado al que no pertenecen por encontrarse fuera de su ámbito geográfico natural. 

Están perfectamente adaptadas a variadas condiciones ambientales y pueden ser transportadas por medios naturales o actividades humanas; son capaces de sobrevivir, reproducirse y establecerse en hábitats y ecosistemas diferentes, amenazando la diversidad biológica nativa, la economía y la salud pública (CONABIO 2010 Estrategia Nacional de sobre especies invasoras en México).

El pez diablo es una de estas especies, detectada en México por primera vez 1995, en el río Mezcala, en la cuenca del río Balsas y, posteriormente, comenzaron a aparecer en Tecpatán, Chiapas, en la cuenca del río Grijalva; en localidades cercanas a Villahermosa Tabasco, principalmente el río Usumacinta y sus vertientes; así como en la presa Infiernillo, en el estado de Guerrero. Durante los últimos tres años, estos peces (conocidos como plecos) se han expandido rápidamente y actualmente es común encontrarlos en varias de las cuencas hidrológicas más grandes del país.

Los peces diablo, comúnmente llamados “limpia peceras”, “plecostomum” o “plecos” pertenecen al género Pterygoplichtys, son originarios de la cuenca del Amazonas y frecuentes en los acuarios como especies ornamentales. El problema radica en que al pasar el tiempo crecen,  llegando a convertirse en organismos que superan el tamaño que los “dueños” quisieran en sus peceras, por lo que suelen deshacerse de ellos liberándolos en cuerpos de agua naturales.

Al ser una especie con gran potencial adaptativo a ecosistemas de agua dulce, se pueden encontrar en ríos con corrientes rápidas o lentas, estanques, presas y embalses.

Otra de las características que colocan al pez diablo como una especie de gran potencial invasivo es su alta capacidad de dispersión y proliferación de sus poblaciones, provocando un significativo impacto en las especies de peces nativos, propiciando su desplazamiento, además de competir por alimento, espacio y sitios de anidación. Su presencia se ha registrado en 16 estados del país, incluida la zona sur del Estado de Quintana Roo

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Llega a medir hasta 40 centímetros de longitud, su cuerpo es aplanado y está cubierto por placas óseas; generalmente de color marrón claro con manchas oscuras, y tiene la capacidad de aguantar mucho tiempo fuera del agua.

Al analizar la boca y los dientes del pez diablo se puede observar que están adaptados para alimentarse mediante el raspado de sustratos; se considera un pez omnívoro y su dieta consiste en detritus, fragmentos de plantas, algas diatomeas y filamentosas, incluyendo  cianobacterias. Otra de sus características especiales, es la adaptación que tienen sus ojos para ver en condiciones de baja luminosidad, además de poderlos oscurecer voluntariamente para camuflarse.

Según investigadores de El Colegio de la Frontera Sur, Quintana Roo (ECOSUR), los primeros hallazgos de esta especie en el Río Hondo fueron entre 2012 y 2013, en ese tiempo no representaba algún riesgo para las especies nativas. Pero para el 2021 la situación ha cambiado drásticamente y el pez diablo se ha convertido en una plaga, lo cual ha impactado negativamente en la fauna en aguas del río,  representando un peligro para las especies nativas.

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El río Hondo se extiende por más de 200 kilómetros, desemboca en la Bahía de Chetumal y es la frontera natural entre México y Belice. Sus brazos conectan con la Laguna Bacalar, donde existe el riesgo de que pez diablo pueda ingresar a ese cuerpo de agua y afectar a  los microbialitos, estructuras formadas por cianobacterias que cumplen una función muy importante al liberar oxígeno a la atmósfera.

En la actualidad, estudiantes de la carrera de Biología de la Universidad Autónoma Metropolitana y  miembros de la asociación Amigos de Sian Ka’an, con fondos del Programa de Naciones Unidas (PNUD), junto con otras organizaciones, están realizando diversos estudios y monitoreo para medir el grado de invasión que cada vez se extiende más hacia la parte superior del río. De la misma manera, se está realizando un diagnóstico en la comunidad para conocer si el pez diablo puede ser aprovechado como fertilizante, consumo, harina o para la elaboración de artesanías.

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