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Catedrales: Castillos para el Alma

Catedrales: Castillos para el Alma | Hola Tulum

Dr. Raúl Enrique Rivero Canto

Dr. en Historia y Arquitecto

El verde paisaje de la selva maya frente al Caribe se interrumpe en ocasiones por las torres y espadañas de los templos coloniales. Todos comparten una historia común: fueron construidos a partir del siglo XVI para el culto católico, fueron nacionalizados en el siglo XIX y fueron dañados por las persecuciones religiosas de inicios del siglo XX. Sin embargo, cada uno tiene peculiaridades y una interesantísima historia que contar.

En las siguientes líneas ofrezco dos rutas que considero que serán de gran utilidad para quien quiera acercarse al tema de la arquitectura colonial sacra en la Península de Yucatán. Si tienes suerte, podrás llegar a ellos en los días de la fiesta patronal. Es importante señalar que las fiestas religiosas de los pueblos yucatanenses son un tesoro de nuestro patrimonio cultural inmaterial porque en ellas se reúnen saberes, creencias, música, danza, vestimenta y una deliciosa gastronomía, entre otros elementos de nuestra cultura.

La primera ruta sale de Tulum por la carretera 109 a Valladolid y nos lleva a nuestra primera parada: la sede parroquial de San Antonio de Padua en Chemax, Yucatán al patrono San Antonio, a quien se celebra los días previos al 13 de junio. Ahí podrás apreciar elementos decorativos de piedra tallada en lo que podemos llamar la versión local de un Renacimiento tardío. Sus muros están decorados con un maravilloso remate de estrellas. El interior austero y sobrio te está engañando. Si te estás imaginando que en la Península de Yucatán no hubo altares con gran decorado como en el centro del país, ya caíste en la trampa pues no siempre fue así. Los procesos sociales de los siglos XIX y XX acabaron con el arte colonial que alguna vez lo caracterizó, reconocerás esta situación cada vez que veas un templo de esa época semivacío.

Las fiestas religiosas de los pueblos yucatanenses son un tesoro de nuestro patrimonio cultural inmaterial

Continuamos el recorrido y llegamos a Valladolid. Ahí nos encontramos con dos templos con características muy diferentes. Frente al parque principal se encuentra el templo parroquial de San Servacio de Maastricht (no confundir con San Gervasio de Roma). Su función era proveer de los sacramentos a la población blanca de Valladolid durante el periodo colonial. Fue construido en el siglo XVIII en el espacio donde antes estuvo un templo dedicado al Santo desde el siglo XVI, el cual fue demolido porque había sido profanado ya que en él asesinaron a los alcaldes de Valladolid. Si tienes la oportunidad de visitarlo, no te pierdas el detalle del tallado en piedra de las portadas que recuerdan las flores que adornan los hipiles de la región. Sus gruesas paredes sirvieron de defensa para la población cuando Valladolid fue atacada por los mayas rebeldes. La fiesta patronal en honor a San Servacio es el 13 de mayo, pero la principal fiesta religiosa es en octubre, cuando se adora al Santísimo Sacramento.

El otro templo relevante es el del ex convento de San Bernardino de Siena. A diferencia de los anteriores, este no fue construido por el clero secular sino por los frailes franciscanos. Ahí se atendía a la población maya del kuchkabal (pequeño Estado) de los Cupul durante el periodo colonial. Su arquitectura pareciera tener un semblante militar y no es una coincidencia. Lo que pasa es que era visto como un castillo para defender el alma. Los frailes pensaban que el mundo exterior contaminaba tus pensamientos e intenciones, mientras que en el interior del convento tu alma podía permanecer a salvo.

En San Bernardino tienes que acercarte a ver los retablos coloniales. Es de los pocos templos en los que sobrevive gran parte del arte de los siglos XVI al XVIII. Observa el barroco yucatanense y sus detalles en las predelas decoradas con escenas de la vida de San Antonio de Padua y de la Anunciación. El claustro tiene la misma fuerza visual que una fortaleza medieval. No olvides que estamos en el castillo para el alma. Visitarlo en Semana Santa es una experiencia fuera de este mundo porque mezcla misticismo con gran fervor popular.

En las Fiestas se reúnen saberes, creencias, música, danza, vestimenta y una deliciosa gastronomía

Al salir de Valladolid toma rumbo hacia Uayma por la carretera 79. Ahí te encontrarás con el templo y ex convento de Santo Domingo de Guzmán. El nombre es curioso puesto que no se trata de un templo dominico sino de uno franciscano. En Yucatán, la Orden de Frailes Menores, popularmente conocidos como franciscanos, tuvieron el monopolio de la evangelización. El templo de Uayma está decorado con interesantes formas florales que técnicamente se conocen como “ajaracas”. A su lado izquierdo están las ruinas del viejo cementerio del siglo XVIII. El templo permaneció destechado por casi 120 años, desde fines del siglo XIX hasta principios del siglo XXI, eso explica el cambio de textura que notarás en la bóveda. La fiesta de Santo Domingo es la primera semana de agosto. Si tienes tiempo camina hacia el cenote y observa las diferencias entre él y los que están más cerca del Caribe.

Siguiendo sobre la carretera 79 verás el paisaje del campo de Yucatán y pasarás por numerosos pueblos hasta llegar a Sitilpech. Te recomiendo mucho que te detengas a conocer el templo de San Jerónimo. Es muy pequeñito y justamente por eso es interesante ya que se convierte en un magnífico ejemplo de templo de “visita”, es decir, aquellos a los que los frailes sólo iban a evangelizar de pasadía, pero no vivían ahí. En su interior hay un retablo sencillo que alberga la muy querida imagen del Santo Cristo de Sitilpech. Notarás que su piel es oscura. En Yucatán se veneran muchas imágenes de Jesucristo de ese color y la de Sitilpech es la más querida de esa zona. Sus fiestas son a mediados de octubre.

Continúas el camino por unos 10 minutos más hasta llegar a la ciudad sagrada de Izamal. Leíste bien, Izamal es de las pocas ciudades que tienen el reconocimiento de ciudad sagrada en todo el mundo, pues ha sido sitio de peregrinación desde hace siglos. Primero lo fue en honor a Zamná y, desde el siglo XVI, ahí se venera a la Inmaculada Concepción de María con el título de Nuestra Señora de Izamal. Por los milagros que se le atribuyen se le ha declarado como Reina y Protectora de Yucatán.

Notarás que toda la ciudad es amarilla y te contarán muchas leyendas al respecto. La verdad es que fue una decisión muy acertada del alcalde González -hace ya varias décadas- y no tiene connotaciones religiosas. En la ciudad se conservan varias pirámides mayas como el Kinich Kakmó, Itzamatul, El Conejo, Habuk, etc. Sin embargo, lo más llamativo es el enorme convento de San Antonio de Padua. A diferencia de todos los demás en la Península, este no es “ex convento” porque sigue siendo habitado por los frailes franciscanos que siempre están dispuestos a recibir a los visitantes.

Entre los cenotes y la de selva…  te esperan nuestros centenarios castillos para el alma

El atrio del convento de Izamal es considerado el segundo más grande de todo el mundo y ocupa el espacio del antiguo Pap Hol Chaac, el lugar en el que los mayas prehispánicos pedían que no les cayeran los rayos del cielo. Por eso notarás a la entrada un mural de Santa Bárbara, la santa católica contra los rayos. Te invito a conocer el camarín de Nuestra Señora de Izamal, seas creyente o no, es una experiencia muy emotiva estar tan cerca de una imagen que ha recibido el amor y el cariño del pueblo de Yucatán durante siglos.

De Izamal puedes salir rumbo a Mérida y ahí te encontrarás con numerosos templos, pero entre todos destaca la Catedral Metropolitana de San Ildefonso de Toledo. Los mayas de la Colonia la llamaban “la gran casa de Dios”. Si bien estuvo ampliamente decorada como todas las grandes catedrales de América, el 24 de septiembre de 1915, una turba -incitada por un gobierno socialista- destruyó en cuestión de horas, tres siglos de historia.

En la catedral podrás observar, en el lugar que ocupó el retablo, al Cristo de la Unidad, colocado hace poco más de 50 años. Es una de las imágenes de mayor tamaño de un Cristo Crucificado colocado bajo techo. También podrás encontrar otra imagen muy querida: el Santo Cristo de las Ampollas. Como el de Sitilpech, también es de piel oscura. Seguramente te cautivarán las grandes bóvedas de la catedral y su inmensa cúpula, pero antes de salir fíjate en la imagen de la Virgen que está en el altar. Se trata de Nuestra Señora de Yucatán y se llama así justamente porque bajo sus pies tiene a la Península de Yucatán.

En esta región hay muchos otros templos históricos, pero estoy seguro que después de haber conocido los de esta ruta, tienes una idea más clara de cómo son. Algunos lugares que te quedan pendientes por visitar son los conventos de la zona Puuc, el santuario de Tizimín y los templos cercanos a la costa del Golfo. Si eres un buen observador te darás cuenta que, entre los cenotes, la verde selva y cientos de pueblos tradicionales te esperan nuestros centenarios castillos para el alma, que te llevarán a sentir el espíritu religioso que aún palpita en del Mayab.

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