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Sembradores de perlas

Sembradores de perlas | Hola Tulum

Macarena Huicochea

El origen de las perlas ha fascinado y desconcertado a la humanidad que, hasta hace muy poco tiempo, entendió el proceso por medio del cual se forman estas atractivas piezas que han sido consideradas una de las gemas más valiosas, cuyo uso – por mucho tiempo- estuvo restringido a la nobleza.

Leyendas chinas afirmaban que las perlas crecían dentro de la boca de los dragones, por lo que conseguir alguna era evidencia de una gran valentía. Los persas, por su parte, creían que las perlas se formaban cuando un arcoíris tocaba la tierra después de la tormenta y así se explicaban los colores tornasolados que se reflejan en su superficie. Otra leyenda aseguraba que las perlas surgían cuando la luna llena se bañaba en el mar y su luz se convertía en gotas de rocío que las ostras atrapaban en su interior.

A partir de mediados del siglo XIV, los chinos fueron los primeros en dominar el arte del cultivo de las perlas; mientras que en occidente, uno de los primeros en describir la formación de perlas fue el famoso naturalista sueco Carlos Linneo, en el año de 1790.

El valor de una perla no radica sólo en su tamaño, brillo y singularidad, sino en lo que simboliza, pues se ha convertido en una metáfora de como un obstáculo o problema puede transformarse en algo admirable y valioso, ya que la ostra es capaz de cubrir con su tornasolado nácar algo que la incomoda, hasta transfigurarlo en una hermosa y brillante esfera. Es así como llega a representar a los sueños que parecen imposibles, esos a los que la realidad parece poner constantemente a prueba a cada momento…

Y éste es el caso de Cozumel Pearl Farm que nos descubre la aventura de una familia dedicada al cultivo de perlas que, a pesar de las adversidades, no se ha rendido ante nada: huracanes, Covid-19, crisis económicas y muchos otros retos no han logrado derrotar a Pancho, Isabel y Laura… y esta es la aventura que nos invitan a compartir.

Todo inicia con el sueño de Don Francisco Camaño que, al jubilarse, decidió arriesgarse a ser pionero del cultivo de perlas en el Caribe. En 2001 realizaron todos los preparativos necesarios para operar la Granja, ubicándola al norte de la Isla de Cozumel, lugar en donde decidió criar a la Ostra pinctada radiata, la cual se eligió porque en esa época estaba a punto de extinguirse en el Caribe y decidieron contribuir a la preservación de esta especie en la región.

Actualmente, el proceso para cultivar esta madreperla implica varios desafíos: se debe esperar de 3 a 4 años sólo para que alcancen la madurez adecuada para iniciar el cultivo de una perla; tratar cuidadosamente a las ostras para implantarles un sedimento de carbonato de calcio que estimulará la producción del nácar; después, se requerirá de un año más para que se desarrolle una única perla por cada ostra, ya que sólo viven 7 años.

Desarrollar la infraestructura adecuada para que las ostras se alimenten y estén resguardadas de los peligros del mar ha sido también una aventura, pues a pesar de los cuidados que se tienen durante la fecundación, nacimiento y desarrollo de las ostras, la supervivencia es de apenas un 30% (aún muy por encima de lo que sería posible en un ambiente natural sin intervención humana).

 En Cozumel Pearl Farm la investigación y el perfeccionamiento de las técnicas de cultivo ha exigido un arduo trabajo diario durante 20 años, lo que les permite cosechar un promedio de 50 a 60 perlas anuales, ya que de 10 000 ostras apenas sobreviven 130, y sólo la mitad de estas produce perlas de la calidad requerida.

Uno de los resultados más valiosos de éste proyecto ha sido el de entender que la naturaleza tiene sus secretos y sus ritmos, y que cada acto humano afecta el equilibrio del mar y de las especies que en él habitan. Este conocimiento compartido ha creado una conciencia ambiental entre la población local y en los turistas que visitan el lugar a través de las visitas guiadas a la Granja.

Han sido muchos los hallazgos y aprendizajes en esta experiencia única en el Caribe, que está repercutiendo en el bienestar del ecosistema y en la recuperación (a través de empresas paralelas a la granja) de playas y corales, fundamentales para la economía de todos los habitantes de la isla que viven del turismo. Así, se ha desarrollado Básicos Mercadito Cero (proponiendo un estilo de vida más simple, reduciendo basura); Qualti Innovaciones Marinas (para crear anclajes fractales que permitan la restauración del arrecife de Coral), y la posibilidad de una visita guiada a la Granja, la cual incluye paseo en bote y esnórquel, así como la opción de terminar el día dando un paseo por la playa al atardecer, cenar una deliciosa pizza casera a la parrilla, brindar con una buena copa de vino bajo la luz de las estrellas… y despertar al día siguiente en la playa, con rítmico el vaivén de las olas,  la nítida luz de un amanecer y un delicioso y aromático café recién preparado.

Tras este incansable esfuerzo, la granja de perlas sigue requiriendo de muchos recursos para la investigación y la sustentabilidad; es por ello que el proyecto ha incluido a una talentosa joven artesana que realiza diseños exclusivos de joyería que sólo están a la venta en la granja y en su sitio web.

Cada perla es única y posee tamaños, colores y formas variables; su valor se determina en función de tres criterios básicos: la perfección de su forma esférica, la rareza de su color (casi toda la gama entre el blanco y el negro, aunque algunas especies de ostra pueden producir perlas verdes, rosas, plateadas y hasta doradas). El brillo de la perla proviene de la reflexión luminosa en la superficie cristalina, mientras que la iridiscencia proviene de la refracción y difracción luminosas en las múltiples capas de nácar translúcido que forman estas joyas cultivadas.

Cada una de estas piezas es el resultado de múltiples esfuerzos unidos, en los que el respeto y el cuidado de la naturaleza se suman al deseo por resguardar el medio ambiente y la belleza de ese paraíso caribeño en donde los sueños parecen estarse cumpliendo gracias a la colaboración y apoyo de la comunidad y los visitantes.

La antigua tradición de las perlas como símbolo de compromiso, unión y amor se pone de manifiesto en los anillos, pendientes, collares y demás accesorios de Cozumel Pearl Farm, que se han convertido en un testimonio del esfuerzo requerido para lograr cumplir los sueños y compartirlos con quienes nos rodean.

Si quieres saber más consulta: https://www.cozumelpearlfarm.mx

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