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Dioses y antepasados en los incensarios efigie de Palenque

Arqueóloga Martha Cuevas García

Los mayas emplearon diversos objetos para venerar a sus dioses y antepasados durante las ceremonias religiosas. En Palenque, Chiapas, se elaboraron sofisticados objetos de culto que conocemos como incensarios efigie y se trata de la colección más numerosa que se conoce en la actualidad, la cual suma un total de 130 objetos de barro, así como 16 elaborados en piedra caliza.

Los incensarios efigie, modelados en barro, se componen de un cuerpo tubular al que adosaron dos secciones planas con decoración simétrica (llamadas aletas) que corren pegadas en el eje vertical del cuerpo; en la parte superior se colocó un brasero donde se quemaban las resinas vegetales y -muy probablemente- sangre humana. Sobre el pedestal se representaron una gran variedad de motivos iconográficos, el más importante es el rostro de dioses o antepasados, los cuales están delimitados en la parte inferior por el mascarón de la Serpiente Acuática (ser sobrenatural que se vincula con el nivel acuático e infraterrestre), en tanto que encima del mascarón central de las deidades o antepasados se despliegan una serie de mascarones de seres sobrenaturales, diademas y aves que -a manera de tocado- indican los ámbitos de acción de los seres sagrados.

El humo es el portador de los mensajes que envían los dioses

Durante los rituales se establecía comunicación a través de los incensarios efigie con los dioses y miembros fallecidos más distinguidos de las familias, a quienes se dirigían las plegarias y ofrendas con el fin de agradecer la existencia y solicitar bienestar y protección para las comunidades. En los rituales lacandones (grupo étnico contemporáneo de habla maya yucateca, que habita en las selvas chiapanecas) se emplean braseros donde modelan las efigies de sus dioses y se realiza la quema de resinas; además de incluir rezos, cantos, letanías y ofrendas que se entregan a los dioses incensarios.

Sobre el humo que produce la quema de copal baten constantemente unas hojas de palma y, al finalizar la ceremonia, se retiran los cultores a sus hogares y, con las palmas impregnadas de humo, cubren a sus familiares enfermos para transmitir salud (Tozzer, 1982:139-140). Es decir: que el humo es el portador de los mensajes que envían los dioses y es por ello que podemos entender que -en la época prehispánica- hayan elaborado objetos para venerar a las deidades y, al mismo tiempo, braseros para la combustión de resinas vegetales.

Se despliegan una serie de mascarones de seres sobrenaturales

Los dioses incensarios de Palenque han sido descubiertos a través de excavaciones arqueológicas emprendidas desde 1953 y hasta 1998; y resulta sorprendente que el conjunto más numeroso se haya localizado dentro de los basamentos escalonados de los templos de las Cruces, el recinto ceremonial más importante de la ciudad de Palenque. Una situación inaudita porque no se conoce otro caso similar en el área maya y, además, porque los objetos debieron usarse en las ceremonias dentro de los templos y no existía razón para entender porque estaban enterrados dentro de los basamentos. A través del análisis de los registros de excavación se pudo saber que los dioses incensarios fueron colocados siguiendo pautas específicas, como el hecho de depositarlos en posición vertical en el mayor número de casos y, solo de manera escasa, en posición horizontal; además de que estaban espaciados, alineados a los cuerpos, y sus caras orientadas a puntos específicos.

Al momento de su excavación era difícil reconocer cómo eran los incensarios efigie porque tuvieron la costumbre de enterrarlos y cubrirlos con el relleno constructivo de piedras y tierra (sin protegerlos dentro de cistas o algún receptáculo), de manera que se recuperaron fragmentados y en muy mal estado de conservación, por lo que fue indispensable la labor de los restauradores, quienes lograron recuperar la forma original de las piezas. Con las piezas restauradas se pudo identificar que habían depositado deidades particulares en los templos: en la Cruz, enterraron a las efigies de GI y de los dioses Remeros; en la Cruz Foliada se localizaron dos variantes del Dios Jaguar del Inframundo y, en el caso del Templo del Sol, tanto ejemplares de K’inich Ajaw –aspecto diurno y terrestre del sol- como de K’awiil y otra deidad (a la fecha) no identificada.

Los dioses incensarios, a semejanza de los humanos, nacían,   tenían una etapa de vida (uso) y morían

Gracias a las investigaciones realizadas es posible saber que los templos de la Cruz, de la Cruz Foliada y del Sol no solo fueron dedicados a los dioses patronos -de acuerdo a los textos jeroglíficos de los tableros localizados en los santuarios de dichos templos-, sino que ese espacio también se constituyó en un camposanto para el entierro de los incensarios efigie. Consideraron que los dioses incensarios, a semejanza de los humanos, nacían, tenían una etapa de vida (uso) y morían, por esa razón eran sepultados en los rituales de renovación que pudieron estar regidos por el calendario.

La colección de incensarios efigie de Palenque es de enorme valor ya que atestigua los rituales realizados por la élite gobernante a lo largo de cinco siglos (350 a 850 d. C.) y, en consecuencia, puede detectarse el desarrollo que tuvieron en cuanto a las técnicas de manufactura, en el diseño de los motivos y en las creencias que dieron origen a las deidades representadas (Cuevas, 2007).

Bibliografía

  • Cuevas García Martha 2007
    Los incensarios efigie de Palenque. Deidades y rituales mayas, UNAM/INAH, Serie testimonios y materiales arqueológicos para el estudio de la cultura maya 1. México.
  • Tozzer, Alfred M. 1982
    Mayas y Lacandones. Un estudio comparativo. Instituto Nacional Indigenista, Clásicos de las Antropología no. 13, México.
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