Por una Arquitectura Consciente

Alexandro Velázquez Moreno, arquitecto — Ganador de la Primera Bienal Internacional de Arquitectura del Caribe
Soy Alexandro Velázquez Moreno, arquitecto con una pasión asentada en hacer proyectos arquitectónicos de cualquier índole. Encuentro el sentido de propósito de mi oficio al intentar lograr el balance entre el entorno y un objeto construido que obedece a su contexto y prioriza la experiencia sensorial corpórea del ser humano. Reconozco en mí una gran satisfacción al ejercer mi profesión con una creciente conciencia medioambiental y por ello siento una profunda inclinación a transmitir un mensaje de “conservar, preservar, coexistir” que sea un legado para las nuevas generaciones. Estoy convencido de que para poder difundir hay que crear; hay que hacer, y hacerlo con un mensaje muy claro. Sólo así se puede divulgar una manera diferente de hacer arquitectura.
Estudié la licenciatura en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, en la Ciudad de México y, debido a la ideología de dicha institución, mi formación tuvo un enfoque social buscando la integración con la comunidad o hacia la comunidad. Desde entonces, ejercí buscando una integración contextual urbana con el objetivo diseñado y priorizando las relaciones entre el entorno, el objeto y el o los usuarios. Posteriormente hice una maestría en Patrimonio Arquitectónico y Urbano en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. A partir de ello, y a lo largo de 25 años, mi trayectoria ha abarcado diferentes ámbitos.
Durante mis estudios, trabajé para al arquitecto Juan Pablo Serrano y durante mi posgrado en España trabajé con el arquitecto Javier Bellosillo. Con él participé en concursos internacionales de arquitectura, donde destacan algunos proyectos que fueron reconocidos con menciones honoríficas, así como un primer lugar por el proyecto de Parque Urbano en Vitoria-Gasteiz.
En diferentes momentos comprendidos entre los años 2000 y 2018, fui docente en reconocidas universidades públicas y privadas de la Ciudad de México. De ese periodo destaca un proyecto realizado en colaboración con estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la UNAM con el cual ganamos un concurso internacional para el Centro de Información en Mombasa, Kenia. En aquel entonces compaginé la docencia con colaboraciones en diferentes revistas de arquitectura, diseño, arte y cultura general.
Considero que mi ejercicio profesional se ha desarrollado en dos etapas: una primera fase, cuando radicaba en Ciudad de México, con proyectos habitacionales, comerciales, de educación y del ámbito de la cultura, cuyos propósitos obedecían más a un entorno urbano. De ellos destaca el edificio de oficinas para SCAP, en Ciudad del Carmen, Campeche, que fue seleccionado por la revista Obras como finalista de “La obra del año”. Es a partir de 2013 que, impulsado por influencias personales cercanas, comencé a nutrir mis proyectos con mayor conciencia medioambiental; un primer ejercicio de ello implicó la incorporación de estrategias bioclimáticas en busca de confort térmico para el proyecto de una vivienda unifamiliar en una zona alta y fría al sur-poniente de la Ciudad de México, Casa Penélope, que también fue seleccionada como obra del año 2017 en la plataforma de arquitectura ArchDaily.
La segunda fase de mi ejercer como profesionista inició a mediados de 2018, cuando llegué a Tulum, ello marcó un antes y un después en mi oficio. Este territorio cambió mi manera de ver la arquitectura en relación con el medio ambiente. Mi visión se transformó cuando, siendo impactado por la majestuosidad de un territorio selvático (nuevo para mí), experimenté y viví cotidianamente la dolorosa deforestación a mi alrededor, aunado al poco cuidado y la poca conciencia que observé en múltiples obras de construcción frente a la devastación del entorno natural.
Paradójicamente, en este mismo territorio vulnerado, durante el verano de 2019, me adentré en un curso de Bioconstrucción donde coincidí con diferentes personas que me nutrieron de otros saberes; ello amplió mi perspectiva y me impulsó a concretar una visión más esperanzadora y comprometida con el lugar. Con base en ello, me propuse diseñar y construir con consciencia medioambiental para mitigar, en lo posible, el impacto ecológico. Considero que, para contribuir al bienestar del usuario y del entorno natural, es sumamente importante comprender el sitio; adaptar el proyecto al territorio, hacer uso de las técnicas constructivas locales e integrar conocimiento invaluable a los procesos, tanto de diseño como de obra.
Uno de los grandes enfoques que intento aportar en mis proyectos es el de respetar la vegetación del lugar, integrándola al proyecto en la mayor medida posible. Aunado a la integración con el entorno y la búsqueda de conservación, preservación y coexistencia, a mis proyectos recientes se suma una exploración constante para el uso responsable de los materiales, la gestión del agua residual mediante composteros y humedales para evitar la contaminación de mantos acuíferos, así como la integración de estrategias bioclimáticas que aumentan el confort térmico interior para disuadir al usuario en el uso de medios mecánicos de climatización.
A mi ejercer actual también se incorporan el conocimiento y los saberes de distintas personas que integran los procesos de diseño y de obra, contemplando en gran medida la vasta experiencia de cada uno de los oficios que tienen los trabajadores locales. Sus aportaciones y el intercambio de conocimientos han sido valiosos para entender cómo se comportan los materiales de la zona para resolver aspectos técnicos, constructivos y hasta estructurales.
El resultado tangible de este gran compromiso se puede observar en el proyecto de vivienda unifamiliar Villa Apapacho, ubicado en Tulum, que recientemente fue galardonado con la medalla de oro de la Primera Bienal Internacional de Arquitectura del Caribe durante noviembre de 2025.
Me siento honrado de haber recibido ese reconocimiento, pues considero que lo que hacemos tiene un impacto gremial, ya que hemos demostrado que toda materialización arquitectónica puede coexistir en balance, armonía e integración con el entorno natural, preservándolo en un acto consciente y haciéndonos responsables de no transgredir los recursos.
Me da mucha satisfacción percibir que hemos logrado integrar principios valiosos y con ello divulgar un mensaje profundo a través de nuestro medio: arquitectura consciente, confortable, con espacios atemporales que envejezcan con dignidad y desistan de seguir modas o estilos arquitectónicos carentes de responsabilidad.
Nuestro compromiso actual es con el oficio de la arquitectura que aporta soluciones a problemáticas, como el calentamiento global, y a un mundo habitable para esta y para las próximas generaciones, una profesión que se posiciona como una poderosa vía de concientización.















