Pinto lo que Percibo Desde el Corazón

Daniela Palacios, artista visual
La vocación es una suerte de anhelo del alma. Mi alma goza de untar pintura y este es el modo en que mejor puede expresar la experiencia perceptual que, en aquellos que nacemos artistas, se vuelve alquimia de lo vivido y lo mirado.
Podría decir que mi vocación anida en el modo detallado y sensible en el que percibo el mundo que me rodea y la expresión de lo que vivo en él, de ahí brotan dos cauces: la pintura y la filosofía. Con ellas y la pasión vital es que voy trenzando la creación artística.
Estudié Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México y Pintura en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” (en el tiempo en que este recinto se ubicaba en la colonia Guerrero). Tomé cursos de restauración y grabado más adelante.
He amado siempre las técnicas arcaicas y, mientras el arte contemporáneo vuela a lo conceptual y efímero, yo gusto de las pátinas y técnicas que recuerdan y dan testimonio del andar humano. Por ello he creado murales al fresco y en mosaico bizantino, suelo pintar en temple y encáustica, y pretendo ambiciosamente comprender, aunque sea mínimamente, la matriz congruente matemática, filosófica y geométrica del pintar de la civilización tolteca, aunque el formato sea instalación o video.
No he sido una artista de galerías y museos, la vida me llevó por otro gentil camino. Radico en Cancún y tengo dos hijos que crecieron dependiendo del producto de mi vocación. La hotelería ha sido mi modo de obtener recursos y oficio desde mi campo profesional.
Han sido tres las maneras de desarrollarme en este polo turístico: pintar mi obra personal y exponer donde suele hacerse: casas de la cultura y hoteles, restaurantes y universidades; concursar en becas oficiales para hacer el trabajo que requiere más financiamiento, como murales, que termino donando a espacios públicos o universidades, y, por último, soy proveedora artística para hoteles y decoración.
De este modo, he podido vivir de mi vocación, servir a mi comunidad y seguir investigando modos de decir con imágenes y objetos visuales todo aquello que le queda corto al lenguaje y la mente, lo que se lee con el inconsciente y se percibe desde el corazón.
También he sido docente, otro aspecto que me parece fundamental para impulsar en la comunidad el deseo de ir más allá de la vida superficial que te ofrece un sistema de vida cómodo y básico, como lo es nuestra sociedad; convocar a la reflexión perceptual y la contemplación develando capas de creencias y miradas. Después de muchos años, he sido testigo de alumnos que decidieron darle un aspecto cultural a su desarrollo profesional.
Las artes visuales son un aspecto de la vida humana que ha tenido muchos objetivos y utilidades, y es indispensable saberse parte de un mecanismo político y social por ajeno que parezca. Debemos ser conscientes de que esta profesión será usada como propaganda ideológica e historiográfica con intereses definidos, que siempre ha sido así y que lo que conocemos es justo lo que se ha financiado y, por ende, se ha vuelto historia del arte, lo cual no quita que el artista sea un ser sensible y su talento se expanda cuan posible sea y vasta se muestre su producción.
Que el arte sea un producto de su tiempo es algo inevitable, pero que el artista sea un ser con una percepción peculiar y una conexión íntima con los detalles de la vida no cambia en absoluto. Por ello, la fidelidad al corazón y su fuerte latido, la intuición y la pasión creativa son elementos que siempre definirán al verdadero artista, más allá de sus circunstancias contextuales.
El muralismo me gusta y en lo que he podido trabajar de manera personal y para espacios en que se han solicitado. El gran formato es una manera expansiva de crear, de alguna manera es pintar con todo el cuerpo, es danzar el muro. He realizado más de 20 murales en hoteles y residencias particulares, en el Palacio de Gobierno de Quintana Roo (en Chetumal) y en colegios privados.
Las técnicas, tipos de representación y temáticas varían dependiendo de la arquitectura, dimensión del espacio y rubro del sitio. Personalmente, me gusta sentirme con un oficio al servicio para los demás y ser capaz de crear obras abstractas, realistas, hiperrealistas o figurativas; ser capaz de resolver cualquier necesidad de mi profesión y encontrar soluciones estéticas.
De mi obra de caballete puedo decir que he querido tener un alfabeto humano, me seduce mucho el cuerpo humano. Gran parte de mi obra es ese incansable fabricar signos con los cuerpos, una búsqueda constante para representar la alquimia primigenia y esencial de la sustancia vital. De ahí, la temática erótica en muchos dibujos y pinturas, grabados y esculturas.
Más adelante fui entendiendo que se trataba de un llamado de mi herencia prehispánica que me hacía hilar este encuentro de polaridades, que en la cosmovisión tolteca era fundamental, el “Atlachinolli”: la unión en tensión o fuerza que hacen que el encuentro de dos polaridades opuestas genere un tercer elemento.
Este evento es tan fuerte en esta cosmovisión que se ve representado en muchos aspectos de la vida y la expresión, como en la lengua náhuatl los “difrasismos” dos términos o conceptos aparentemente opuestos, que en su aglutinación generan o crean un tercer concepto, por ejemplo “in ixtli in yolotl”, que al decir rostro (ixtli) y corazón (yolotl) se traduce como persona. El término persona es la unión de un rostro: elemento externo, y un corazón: elemento interno.
Pintar no es tan superficial, como poner una imagen obvia e icónica para fácil comprensión, como una señalización, sea bella o no. Crear una obra visual es invitar a una experiencia sensorial que te haga estremecer y te lleve a una reflexión, una invitación a transgredir la imagen inmediata, una aventura que te desnude el rostro habituado a modos autómatas y de sencillo acceso; y que al desnudártelo te dé frío, te haga mirarte a ti mismo, amarte, cuestionarte, gozarte…
Este es mi anhelo, más allá de los soportes o modas, de las ideologías o dogmas, del comercio o la inteligencia artificial, con ello o sin ello. Lo que hace al arte no es tocado por estas sencillas herramientas, pero sí puede ser acariciado por la gentileza y la valentía de tu mirada.






