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Mi Pasión Transformada en Misión

Mi Pasión Transformada en Misión

Helena Barba Meinecke, arqueóloga y profesora-investigadora

Escribir en primera persona, usar el yo exige conciencia y autenticidad, en un intento de hilar episodios de 55 años desde el prisma del sentir. A temprana edad, tuve la oportunidad de viajar cada Navidad al área maya, ya que mi tío Markonee y mi padre (exploradores de corazón) creían fervientemente que pasar el Año Nuevo en estas tierras era de buena fortuna. Crecí entre campamentos ochenteros, mitos sobre pirámides y múltiples significados de las inscripciones de las zonas arqueológicas de Palenque, Bonampak y Yaxchilán.

Recuerdo las travesías por más de 40 kilómetros por la selva (viaje y tornaviaje el mismo día) acompañados por nuestra perra cazadora “cuasi dálmata” Blacky (que dicho sea de paso vivió más de 18 años), la guía del gran jefe lacandón Chan Kin III, nadar con sus numerosos hijos en el río Lacanjá y acampar en Betel y las cascadas de Agua Azul, entre pick up y combis adaptadas, casas de campaña cuyo armado merecían un premio Guinness y una gran valentía ante la aracnofobia. 

Convivir con los lacandones fue la semilla que germinó y, más adelante, dio lugar a optar por estudiar Arqueología. En México, había dos opciones en aquella época: la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) en la Ciudad de México y la Universidad Autónoma de Yucatán en Mérida (UADY); si bien, en lo personal, me inclinaba por la segunda, a los 17 años mis padres supieron elegir lo mejor. 

Gracias al apoyo de los doctores Beatriz Barba y Román Piña Chan, mi generación contó con excelentes profesores. Asistimos a todas las clases que fuesen posibles con ellos en su casa de Chimalistac y, por supuesto, a las famosas tertulias. Terminados los estudios, tardé unos años en finalizar mi tesis titulada “Las estructuras circulares en Mesoamérica. Acercamiento a una propuesta para su tipología”, inspirada en la obra del maestro Ignacio Marquina, y, gracias a la influencia de la maestra Beatriz, logré incluir aspectos sobre los mitos, la magia y la religión en la historia de la humanidad, y de mi cosecha, el gusto por la teoría de la psicología comparada sobre los arquetipos y el inconsciente colectivo. 

Entre 1992 y 2000, tuve la oportunidad de trabajar en la recién formada Coordinación Nacional de Arqueología, con un equipo fantástico, donde aprendí sobre el funcionamiento del INAH. El cambio de milenio y la reciente muerte de mi padre motivaron la necesidad de cambiar de escenario. Decidí mudarme al puerto de Campeche, no sólo por ser “mi lugar”, sino también para hacer arqueología de campo. El doctor Antonio Benavides me brindó la oportunidad de trabajar en la isla de Jaina, un trabajo que me cautivó principalmente por estar rodeada de agua y por sus múltiples entierros.

Años más tarde, Pilar Luna Erreguerena, pionera de la arqueología subacuática en México y a quien considero mi mentora en esta materia, me invitaría a formar parte de su equipo, lo cual cambió mi vida. El 15 de junio de 2003, instalamos la primera oficina regional de Arqueología Subacuática en el Centro INAH Campeche, dedicada a la protección, conservación, investigación y difusión del Patrimonio Cultural Subacuático (PCS) en la península de Yucatán. 

En dos décadas, nos dimos a la tarea de formar un grupo para salvaguardar el PCS, material e inmaterial, hemos logrado un inventario de 401 sitios arqueológicos sumergidos en aguas marinas —naufragios de diversas nacionalidades y elementos aislados (cañones, anclas, timones...)— que documentan el tráfico marítimo alrededor de la península de Yucatán entre los siglos XVI y XX; así como 153 yacimientos en sistemas kársticos (cuevas, cenotes, rejoyadas y aguadas) con evidencia que va desde el Pleistoceno tardío (20 mil años A.P.), de su uso en la época prehispánica por los mayas y la Guerra de Castas. 

A lo anterior se suman horas de entrevistas con pescadores de ribera y de altura, ejidatarios con cenotes en sus parcelas y espeleobuzos informantes, cuyas aportaciones han sido clave para comprender la cultura material, los cambios del paisaje marítimo, las artes de pesca y las tradiciones. Guardo con especial aprecio el conocimiento que me compartieron sobre vientos y corrientes, la coloración del mar, el sonido de los peces al alimentarse de los corales en los pecios, los bagres que despistan, los mitos y las leyendas. En fin, un bagaje que me llevó a la noción del PCS como un rico patrimonio biocultural.

La arqueóloga Pilar también me brindó la valiosa oportunidad de representar a México como punto focal ante la Convención Unesco de 2001 sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, cargo que desempeñé entre 2013 y 2025. En este periodo, apoyé cuatro iniciativas reconocidas como Ejemplos de Mejores Prácticas (Best Practices): el Museo de Arqueología Subacuática (Marsub); el Fuerte de San José el Alto en Campeche (como gestora y curadora); el PCS en el Nevado de Toluca, Estado de México (actualmente en Archivo); el PCS del Banco Chinchorro (Quintana Roo) y el Proyecto Arqueológico Subacuático Hoyo Negro (Tulum), únicas denominaciones galardonadas en el continente americano. 

En paralelo, formé parte del Consejo Consultivo Científico y Técnico, órgano colegiado que presidí durante el periodo 2016-2017 y en el que fui vicepresidenta entre 2023 y 2024. Asimismo, participé en las misiones técnicas sobre el pecio San José (Panamá) y en el PCS sobre la Guerra de la Triple Alianza (Paraguay), además de ser electa para encabezar las misiones en la ciudad maya sumergida en el Lago Atitlán (Guatemala) y en el yacimiento histórico del siglo XVI, La Isabela (República Dominicana). 

Entre 2017 y 2019, cursé en la Universidad de Cádiz, España, la maestría en Arqueología Náutica y Subacuática, parte de la Escuela Internacional de doctorado en Estudios del Mar (Eidemar), Campus de Excelencia Internacional del Mar, con la tesis titulada: “Naufragios en el Seno Mexicano. El Pecio Ancla Macuca, Yucatán, Golfo de México”.

Actualmente soy coordinadora del Comité Científico sobre Patrimonio Cultural Subacuático del Icomos Mexicano y miembro del International Committee on the Underwater Cultural Heritage.

La divulgación ha sido una labor a la que he dedicado gran parte de mi tiempo, ya que considero que los resultados de las investigaciones deben compartirse de forma didáctica con todas y todos. En este sentido, he podido colaborar en la producción y curaduría de diferentes proyectos museográficos en Campeche: Marsub, un orgullo personal que ya comenté; el Museo de la Vida (Universidad Autónoma de Campeche); El Principal en la ex Aduana Marítima sobre el comercio y la navegación; el Museo de Palizada (iniciativa galardonada con el Premio Miguel Covarrubias-INAH en 2021). En Quintana Roo: el Museo de la Isla de Cozumel y el Museo Regional de la Costa Oriental en Tulum (Mureco), y en Tizimín, Yucatán: lograr el pequeño Centro Cultural Comunitario en la localidad de San Manuel Km 11. 

También he podido ser coordinadora de tres libros científicos, publicar más de 100 artículos, dictar ponencias y conferencias, organizar cursos para fortalecer las capacidades profesionales y técnicas en arqueología subacuática en Latinoamérica, así como en foros nacionales y extranjeros.

Mi Pasión Transformada en Misión.
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